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Ya
en el siglo XIII aparece la documentación de los Cornel
al lado de Jaime I el Conquistador. Pere Cornel es ayo del rey
Jaime. Su hijo Luis es enterrado en Valencia recién
conquistada. Sus nietos son señores de Alfajarín y
otros pueblos de Aragón. Y todos ellos miran hacia
Cerler.
Pedro Cornel,
obispo de Tarazona en el siglo XV, pide ser enterrado en
el solar de sus antepasados, en casa Cornel de Cerler.
Juan Manuel Cornel, obispo de Barbastro en el siglo
XVIII, regresa a ella con asiduidad y hace construir un
oratorio para su recogimiento.
La rama de los
Cornel, a través de los siglos, se extiende y ramifica.
Antonio Cornel es ministro en el siglo XVIII, otros son
militares, curas, Mariquita Cornel prueba su hidalguía y
limpieza de sangre para entrar en Sigena y más tarde es
abadesa del monasterio. Los que se quedan en la casa
siguen el ritmo de la vida según los tiempos y son ellos
quienes la mantienen.
Escasez, bonanza,
tradición, guerras, todos los pensamientos y deseos
quedan reflejados en un árbol genealógico: el de Casa
Cornel.
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